HISTORIA Espartina S.A. es una empresa agropecuaria con gran trayectoria y un presente dinámico, lleno de oportunidades y desafíos.

Siguiendo la tradición familiar de nuestro bisabuelo Pedro Carrique Urrutibehety, nuestro abuelo Pedro Ignacio Carrique Escaray y nuestro padre Adolfo F. Carrique, en el Partido de Daireaux, provincia de Buenos Aires, nace en 1988 Espartina S.A.: una empresa de explotación agropecuaria, con un objetivo y una visión: la expansión del negocio agropecuario en la provincia de Buenos Aires y en el resto del país.
Inicialmente las actividades más importantes eran la ganadería (invernada y cría) y la agricultura, pero migraron en los últimos años hacia un sistema de agricultura permanente con rotación de cultivos de la mano de innovaciones tecnológicas (siembra directa en 1992, soja RR en 1996, y más recientemente, agricultura georreferenciada).

Familia Carrique Haciendo un poco de historia, Adolfo Carrique cuenta:

En el año 1934, cuando el abuelo tenía 83 años, un periodista de la revista Caras y Caretas le hace un reportaje, por ser uno de los primeros pobladores de esta zona luego de la Campaña del Desierto del General Roca. En el mismo relata los motivos que lo incitaron a abandonar su familia y su patria. También comenta sus primeros tiempos en Argentina. Así decía...
La historia nos dice que todos los vascos pertenecían antiguamente a cuatro provincias españolas: Guipúzcoa, Navarra, Álava y Vizcaya. La línea divisoria Pirenaica cortó a los vascos franceses.
Yo nací en los Bajos Pirineos el 17 de Septiembre de 1851, era el noveno de diez hermanos hijos del muy honrado y cabal Pedro Carrique y la muy virtuosa señora Magdalena Urrutibehety. Fui a la escuela, los queridos viejos me educaron honradamente, desde muchacho tuve que trabajar y lo hice con alegría, voluntarioso y obediente.
A los 18 años vino la primera prueba dura de la suerte, Francia había sido invadida, decíase que los alemanes iban a llegar hasta París. La memoria de aquellos días del año 1870 aún no me falla (Guerra Franco-Prusiana) el gobierno apuró la conscripción y mi clase fue llamada a las filas, en el sorteo saqué el número 9 y los médicos me declararon apto para el servicio. Fui destinado al arma de Caballería, en el Cuartel estuve recibiendo la instrucción militar y ya iban a enviarme al frente cuando se hizo la paz. Me soltaron, trabajé en casa por algún tiempo; en aquella época el servicio militar activo duraba siete años, medite y saque en conclusión que aquellos siete años eran los mejores para el porvenir de mi vida, me los perdía sin remedio.
De acuerdo con mi padre, que era hombre de mucha experiencia, se decidió el modo de remediar el asunto: había que emigrar, siendo soldado poco iba a realizar en provecho de mi patria arruinada, si en América hacía fortuna, mas valiosamente la ayudaría, atravesé la frontera franco española, en compañía de mi padre, me pagó el pasaje y me dio 1000 francos, todavía recuerdo la pena de los pobres viejos y mi propia pena.
Yo tenía dos hermanos en Chascomús, el viaje en vapor fue largo y de muchas molestias; anclamos en la rada de Buenos Aires y de ahí me dirigí a Chascomús. Llegué a esa ciudad en Noviembre de1872 (Presidencia de Sarmiento) ¡figúrense la alegría de mis hermanos!, el mayor se llamaba Fabián y el menor Ignacio.
Fabián era soltero e Ignacio casado; el menor estaba establecido con almacén y ambos tenían tropa de carretas.
Las carretas de bueyes eran en esos años los elementos mejores, casi únicos, para transportar frutos directamente a Buenos Aires, por falta de ferrocarriles. El Gran Sur recién llegaba a Chascomús y no tenía aún construida la estación, el ferrocarril del Oeste solo llegaba hasta Mercedes.
Las carretas del Sur de la Provincia desembocaban en Constitución; las del Norte, en el Once, las de Tucumán, con sus ejes de madera, atravesando el desierto de Santiago del Estero, Córdoba y los ricos campos de Santa Fe, venían a estacionarse en la Plaza del Once.
Los principales consignatarios de Frutos del País eran: Bellocq, vasco francés, establecido en Plaza Constitución y Unzué de origen vasco español, en Plaza Once ¡Cámo trabajaba la recia gente montañesa en el llano!
Mi buen hermano Ignacio me propuso darme dinero para que, unido al oro que me había regalado mi padre a costa de un generoso sacrificio, completase el importe de una carreta. Acepté su ofrecimiento, y a los siete días de haber desembarcado, nunca hay que desperdiciar las horas, salí para la Estancia “La Quínoa” del señor Pedro Luro, otro luchador de origen vasco, ubicada en el Partido que hoy se llama General Guido, Provincia de Buenos Aires, a cargar lana.
Al poco tiempo trabajé por mi cuenta con tropa de carretas, que fueron aumentando. Esto duró hasta 1879, año en que decidí cambiar de labor y lo hice, en pocos días liquidé las carretas. Veíase que los ferrocarriles iban a terminar con ellas, el porvenir estaba en otro lado, arrendé un campo en el Partido de Chascomús, adquirí vacas y ovejas. Me producía el negocio; en 1880 tomé de segunda mano 3000 hectáreas que vendía el Gobierno, esta compra la hice en condominio con mi hermano Ignacio (Presidencia de Avellaneda).
La propiedad estaba situada en los campos desiertos de Guaminí, teníamos la obligación de poblar personalmente esas tierras. La hectárea nos costaba 10 pesos, que habríamos de pagar en un plazo de 7 años.
Decidido a luchar como bueno, vendí las ovejas, para ir preparando la marcha con vacunos, yegüerizos y caballada, a fin de poblar el pedazo desierto. Compré a la señora María Mendiburu, viuda de Don Tomás Escaray, que fue mas tarde mi suegra, 220 vacas, con las que completé un plantel de 500 excelentes reproductoras.
El día 9 de Octubre de 1882 salíamos con nuestro arreo en dirección al campo, orgullo y esperanza de ese arreo eran dos lindos toros Durham puros por cruza, comprados al Sr. Senillosa, dueño de unas de las cabañas mejores de esa época. Cincuenta y dos días duró la marcha, el 30 de Noviembre de 1882 llegamos a los terrenos de Guaminí (Presidencia de Roca ). En el viaje perdimos bastantes vacas por los pastos venenosos, se cumplían diez años de mi venida al País, que ha sido tan pródigo conmigo.
Comenzaba una nueva etapa de mi existencia. No pueden imaginarse ustedes, en aquellos años, la empresa difícil que era poblar de animales un sitio desierto como eran nuestras 3000 hectáreas. Todo se volvía obstáculo sobre obstáculo, era menester improvisar muchas cosas, hoy día las redes ferroviarias facilitan la tarea. Los desembolsos son menores, el País cada vez “se va haciendo” con menor indocilidad de la naturaleza.
Mi hermano Ignacio y yo convinimos en poblar por separado nuestros correspondientes lotes, es decir, 1500 hectáreas cada uno eso facilitaría la obra. Como base de mi establecimiento elegí el médano más alto esta es la razón del nombre “Loma Alta”en La Larga donde aún vivo.
Ya les hablé de la Señora María Mendiburu, viuda de Don Tomás Escaray, a quién hice la compra de vacas, añadiré que el 9 de Abril de 1884 contraje enlace con su hija Graciana. Compañera ideal ha sido para mí esa esposa, que gracias a su cariño hallé en la vida el mayor aliciente y el más dulce consuelo en las dificultades y desengaños.
El abuelo Pedro, como muchos de los inmigrantes llegados en esa época, perdió prácticamente todo contacto hasta con los familiares más directos, como hermanos por ejemplo, ya que hasta la llegada del ferrocarril, no había ningún medio de comunicación. Con los parientes de Europa con más razón, ya que recién volvió a su tierra 48 años después de haber tomado la decisión de emigrar.
En un viaje que hicimos con Nelly a Europa en 1978, intentamos localizar a alguien de la familia pero sin suerte, y posteriormente en otro viaje, en 1983, logramos el primer contacto con un familiar vasco francés. Ese encuentro fue muy cómico, ya que lo único que sabíamos hasta ese momento era que los Carrique provenían de un pueblito o caserío llamado Behaske, distante no más de 3 Km. de Saint Palais ubicado en el plano, allá marchamos y por idea de Nelly, traductora del viaje, para pedir información nos dirigimos a una casa muy antigua donde un señor, evidentemente no nativo, lavaba su auto, al preguntarle por la casa de los Carrique, contestó que eran de París y estaban de vacaciones en Behaske, pero que su señora había vivido en el lugar por lo que conocía los pobladores de la zona. La señora que por la tranquilidad del lugar tenía una terrible necesidad de conversar subió a nuestro auto y se prendió a la búsqueda de los parientes.
Pronto dimos con Louis Carrique, tenia 73 años y vivía en el campo, en la vieja casa paterna; estaba con un hacha haciendo astillas de leña, acompañado de su señora y 2 nietitos, no hablaban español, así que Nelly trataba con la señora de averiguar si éramos parientes, cosa que se ponía difícil ya que no tenían una idea precisa de donde quedaba Argentina ni Sudamérica.
Mientras tanto Louis me hablaba, por supuesto en francés, entusiasmado por el hecho de haber aparecido un Carrique para él desconocido; yo seguía sin entender nada, cuando en medio de su francés dijo la palabra “La Larga” en castellano. Le pedí auxilio a Nelly y él explicó que cuando tenía mas o menos l0 años, alrededor de 1920, “vino un tío de ese lugar de América” con su señora y dos hijas y él los acompañaba a casa de familiares y amigos ¡Que espectacular, después de 60 años le salió la palabra "la larga" sin saber que quería decir! , pero recordaba que de ese lugar venía el tío.
El Tío era Pedro, nuestro abuelo, que viajó con la abuelita Graciana, su esposa, y dos hijas que eran tía Julia y Celina. Así que era pariente; primo segundo mío, nieto de un hermano del abuelo y fue el primer vínculo con un Carrique del País Vasco. El viaje que mencionaba Louis fue la única vez que el Abuelo volvió a su tierra.
En el año 1998 fuimos nuevamente por la zona de Behaske y gracias a un contacto que había hecho Haydée, conocimos a Jean Baptiste Carrique nacido en 1927, hermano de Louis, este lamentablemente, había fallecido hacía un año.
Ignacio, el tercero de sus hijos, vino a Argentina supuestamente con Fabián, el segundo tenía almacén en Chascomús y también carretas con su hermano; era casado, y aparentemente sin hijos. Le prestó dinero al abuelo para comprar su primera carreta y luego alquiló con Pedro un campo en Gral. Guido (hay un contrato de sociedad de explotación entre los hermanos) y más tarde, en el año 1880, compra con el abuelo 3.000 hectáreas en el Cuartel V del Partido de Guaminí; que al crearse en 1910 el Partido de Caseros con parte de Bolivar y parte de Guaminí, pasan a integrar ese Distrito que, a su vez, en l970 cambia su nombre por Daireaux.
Queda Ignacio con la mitad del campo al que denomina “La Golondrina“ que eran 1.500 hectáreas, lo que son hoy los potreros 1 al 9 inclusive, y el abuelo Pedro con “Loma Alta” 1.500 hectáreas: todo lo que es hoy menos los potreros 5, 6, 7 y 8 que no pertenecían al campo original y que compra con posterioridad.
Conversando con Ana Maria Munárriz, recordaba que tía Maria, su abuela y hermana de papá, decía que el nombre de “La Golondrina” provenía de la época de la construcción de la primera vivienda. Parece que hicieron un ranchito de barro, al que para hacerlo un poco mas acogedor, lo blanquearon en su interior y como les sobró un poco de cal, para aprovecharla, le pintaron el frente, alguien dijo que parecía una golondrina: negro con el pecho blanco, y así le quedó el nombre.
En el reportaje de Caras y Caretas, el abuelo menciona que compran “de segunda mano” el campo, por lo que parecería que lo compran a un tercero que anteriormente le compró al Estado, esto puede muy bien ser así, ya que en libros que tratan sobre la adjudicación de las tierras, mencionan que habían especuladores que compraban al Estado y antes de escriturar lo revendían transfiriéndole al comprador los compromisos contraídos y por supuesto con una ganancia para ellos.
Con Ignacio, el abuelo se nota que tenía muy buena onda ya que lo menciona frecuentemente, y al mayor de sus hijos varones, mi papá, le pone de segundo nombre Ignacio. No obstante no trabajan en sociedad sus campos, a pesar que en el primer momento cuando compran ”Loma Alta“ y “La Golondrina“ hacen un contrato de explotación, pero al poco tiempo lo dan por finalizado y cada uno toma su campo.
El abuelo menciona en el reportaje de Caras y Caretas la obligatoriedad que le imponía el Estado a los compradores de radicarse y poblar personalmente así que el contrato de explotación antedicho, del cual hay un documento firmado en1883 ante escribano público, bien puede haber sido para cubrir esa formalidad.
Mientras el abuelo se radica definitivamente en “Loma Alta”, Ignacio parecería que trabaja su campo alquilándolo a terceros y no le va nada mal ya que compra mas adelante 740 hectáreas, que según planos era de un tal Lasaga y que hoy son los potreros de “La Golondrina”, o sea desde una continuación de la línea que divide el campo de Juan J. Bustos con “las lomas de Yamaidá”. Por ahí pasaba la calle hacia La Larga cortando “La Golondrina” y continuaba cortando también “La Liguria”. No he encontrado nada relacionado a la compra de esa fracción de La Golondrina, pero en un plano del partido de Caseros del año 1929 figura a nombre de Elvira Carrique.
El ingeniero Luis P. Ratti según comentaban, fue quien dirigió la construcción del tramo del ferrocarril Sur desde Bolívar a La Larga y compró 4.200 Hectáreas un “campazo” al que llamó “La Liguria” y que sus herederos fueron vendiendo, conservando solamente la hija del Dr. Héctor Ratti la propiedad heredada. Comentaban también que la franja de campo de 1.000 hectáreas.
Aproximadamente, que se llamaba “La Lonja”, entre “La Liguria” y el campo “El Lucero”, lo había comprado un señor de apellido Barbieri que era el capataz de la cuadrilla que hizo el terraplén del ferrocarril, este campo antes de ser de los propietarios actuales fue de Daireaux Hnos. En lo que hoy es la tapera del 1 de La Golondrina, que está aproximadamente a 500 metros del casco de Loma Alta, vivía y tenía tambo, entre los años 1920 -1930 Jean Pierre Inchauspe, no tenía nada que ver con los Inchauspe de Trenque Lauquen, este era un bohemio, sobrino del abuelo, soltero, que cruzó los Pirineos en bicicleta para embarcarse en España hacia la Argentina.
Según contaba Celina, madre de los Uhalde, que cuando hacían pasteles le ponían el "chimango" y él vasco, montaba la bicicleta, ya que no andaba a caballo y venía a “Loma Alta” a contar cuentos. (Chimango se le llamaba a una especie de bandera hecho con un palo largo y una bolsa en la punta, que solían usar en los campamentos de caballos para avisar a los aradores que era hora de comer). Dos cuentos de Celina referente a este personaje: En una ocasión mandaron a Celina a buscar a Jean Pierre para ayudar a apagar un incendio de campo y el vasco le dio unos discos para que ponga en la “victrola” mientras el se lavaba las manos, no era demasiado nervioso por lo visto. El otro cuento decía que una de las veces que venía a comer pasteles tenía los pies muy sucios, entonces ellas (Celina y tía Julia) con picardía le dicen: “Jean Pierre que lindas medias tenés”, a lo que él contestó: “calzoncillo misma tela pero con un agujerito atrás”, en fin, son cosas que a uno le quedan como recuerdo de “chistes pícaros”de nuestra época de chico.
La verdad que de Celina tengo muy gratos recuerdos, era la tía menor, soltera, vivió en Loma Alta cuando nosotros éramos chicos y nos armaba programas muy simples pero que a nosotros nos fascinaban, como ir a los “médanos del susto de la perra”, que veíamos como montañas de arena. Además nos contaba anécdotas familiares que seguramente las adornaría un poco para darle más sabor, igual que las de papá, que reflejaban la forma de vida y la evolución de las costumbres.
Con Jean Pierre trabajó Pedro Gatti (Perico) que a partir de l929 pasó trabajar con papá en Loma Alta, contaba que recién ingresado en su nuevo trabajo lo mandaron a la estación de Andant a recibir a papá y mamá que llegaban de Buenos Aires con Haydée, Eduardo y yo, recién nacido. Fue para papá el hombre de confianza, una especie de capataz al que quería mucho y cuando Eduardo y yo dejamos de estudiar y vinimos a trabajar al campo le compró 50 hectáreas linderas a los Galván donde vivió con su mujer, Felisa Palma, que antes de casarse trabajaba con mamá en Loma Alta. Volviendo a La Golondrina, una parte la alquiló bastante tiempo Pedro Carrique, que le llamaban “Beti“ casado con Lucía Maria Carrique, la segunda hija de los abuelos, después alquiló en Sauce Quechú y por último se mudaron al campo que recibieron de los abuelos, en Espartillar, que le llamaron "La Cali".El tío Beti (abuelo de Juan Carlitos Carrique) y su hermano Juan eran vascos, hijos de un hermano del abuelo que según su nieto, se llamaba Juan, por lo que puede ser uno de los que faltan en la lista de los hermanos que me dio Cristian.
En el rancho viejo de La Golondrina vivió un tiempo bastante largo Don Juan Manuel Herrero, abuelo de Edith Redondo, que alquilaba una fracción del campo. También uno que sembró mucho, en una época, si bien no vivió ahí, fue Clemente Ginestet, que vivía en Henderson; era abuelo de Leonardo y tío de Andresito. Ignacio Carrique que no tenía hijos, seguramente antes de fallecer nombra heredera de sus bienes a Juana Elvira Carrique e Iriarte, única hija de Fabián casada con Pacifico Rodríguez Villar. Este ocupó un cargo político importante en el gobierno de Hipólito Irigoyen y cuando la revolución del 30 se vio obligada a asilarse en el Uruguay dejando el campo con una hipoteca muy comprometedora. Este quedó en manos de la justicia hasta que se ordenó el remate; en ese intermedio lo usufructuaron varios vecinos.
En el año 1935 sale a remate y como consecuencia de ese hecho hay distintas sensaciones, Elvira, según versión que su hija le manifestara a Maritchu Uhalde, queda con cierto pesar ya que pretendía que el tío Pedro la hubiese ayudado de alguna forma. Por otro lado, se comentaba, que el Abuelo decía que no había querido intervenir (comprando, supongo) para que no se interpretara que se aprovechaba de la situación de su sobrina. Para completar el cuadro, circulaba en la familia la versión que cuando el abuelo fue a la hora anunciada para el remate ya lo "habían rematado” comprándolo Máximo Guastini. En esa época parece que también había cosas no muy claras. En manos de Guastini y sus herederos estuvo alrededor de 30 años, luego lo compró Alberto Peirano y en 1988 volvió a manos de un Carrique ya que lo compramos nosotros con la familia Jauretche-Fosatti.
Hoy 17 años después de haber comprado “La Golondrina” nos enteramos por Bichi Munárriz (Maria del Carmen Munárriz de Frutos) que los Carrique sintieron tanto la venta de este campo, que la tía Maria, hija mayor del abuelo, les decía a sus hijas cuando rezaban, que pidieran para que “La Golondrina” vuelva a manos de un familiar.
Hay pocos datos de como se organizó el Abuelo para poblar e iniciar la actividad agropecuaria en su campo. Sabemos por su relato a “Caras y Caretas”que compró “Loma Alta”en l880 y que el 30 de Noviembre de l882 llegó con las vacas y caballos después de 52 días de arreo a instalarse definitivamente en su campo, justo que se cumplían 10 años de su llegada a Argentina.
Toda esta travesía, para su seguridad, la hizo acompañado de un Winchester 44, pero solía recordar que nunca había tenido necesidad de usarlo, por lo que se desprende que el desierto tenía, al menos, mas tranquilidad que las fronteras Sur (Tandil) y Norte (Sur de Córdoba) que en esa época eran muy conflictivas.
También sabemos que el 9 de Abril de 1884 se casó con la abuelita Graciana Escaray en Chascomús y vinieron a vivir a Loma Alta. Así que se supone que entre el 80y 84 habrá hecho un horno de ladrillos, ya que la casa primitiva era de ladrillos asentados en barro, y construido alguna comodidad aunque sea elemental para instalar la familia.
Medios de locomoción no había, caminos tampoco, solamente huellas, así que se moverían a caballo y con carretas tiradas por bueyes transportarían los materiales y mercadería. El abuelo solía menciona como uno de los pocos vecinos en su primer época a Folco en la zona que después fue Girodias y a Pedro Espaïn en lo que después fue 30 de Agosto.
En 1885 nació la primera hija, Maria Benedicta; como en la zona no había ningún recurso, parece, según se comentaba, que tres meses antes del parto se fueron a caballo a tomar el tren a Lamadrid, para trasladarse a Chascomús. La segunda hija, Lucia María, también nació en Chascomús y Pedro Ignacio ya nació en Guaminí el 24 de enero de l888, donde para esa fecha ya había una partera, los demás hijos, no sé, pero incluso creo que alguno nació en Loma Alta. El Registro Civil funcionaba en Guaminí, que era cabecera de partido.
Los primeros años deben haber sido durísimos, para vivir en un total aislamiento social y producir en el desierto con campos abiertos, sin alambrados con mil dificultades para comercializar la producción y además con escasos recursos materiales y económicos.
En 1887 el abuelo toma un crédito respaldado por una hipoteca que otorga a favor de su hermano Fabián, por $ 8.000 pesos al 8% de interés anual. El campo lo había comprado en1880 a pagar en 7 años a razón de $10 por hectárea, por lo que ese crédito lo toma supuestamente para cancelar la deuda que aún mantendría con el Estado, que en su origen era de $ 15.000.
Papá contaba que para mejorar las praderas naturales resembraban a voleo donde no había, semilla de cebadilla criolla y de cardo asnal. Para “cosechar” esa semilla ataban dos caballos a una rastra plana de madera, le ponían una especie de delantal de lona para que no se pinchen y al trote encaraban los cardos y así la semilla seca, tanto de cardo como de cebadilla caía sobre la rastra.
Esos eran los recursos con los que contaban para mejorar la calidad de los campos de pastoreo. Otra limitante importante era el agua; solamente contaban con ojos de agua en los médanos de las “lomas de Yamaidá“ y en el “médano del susto de la perra“, por eso eran importantes en esa época los médanos en los campos, ya que en ellos había ojos de agua que servían como aguadas naturales.
La primer aguada “artificial” por llamarle de alguna manera, fue la del que hoy es el molino del potrero ”La Invernada”, en el que habían hecho un pozo calzado con ladrillos, similar a un resumidero, hasta la napa de agua y con un “balde volcador”, que elevaban a cincha de caballo, llenaban el bebedero. Eso debe haber sido anterior a 1900.
Contaba Don Pedro Carlé (Abuelo de Jorge Marcelo) que en 1907 estaban haciendo un horno de ladrillos en Loma Alta, para la construcción del galpón que está a la entrada; él tenia 12 años, y estaba contratado para mover los caballos en el pisadero y traer “leña de vaca” y osamentas para quemar las hornallas y a la hora de la siesta iban con tío Fernando, que tenía la misma edad, a “pialar” terneros a la aguada de “La Invernada” donde la hacienda se juntaba esperando que le den agua.
La división de los potreros se ve que la fue haciendo de a poco tal vez en forma provisoria primero, de acuerdo a sus recursos y a las necesidades del momento y así les quedó la forma y el nombre, como “el cuadro de los toros”, “la parva”, “el horno”, “la invernada”, “el pelado”, el norte chico”, “la troja”, “las lomas del norte chico”, “el norte grande”, “la vía”, “el cuadro chico”, “el cuadro de las casas”, “el Bronce” (este era el nombre de un toro de pedigree que compró para plantel), “las lomas de Yamaidà”, “la avenita de las lomas”, “la taperita”, “el cuadro del medio”, “las quínoas” y “el médano del susto de la perra”.Curiosamente el 1, 2, 3 y 4 de Loma Alta son los únicos potreros del campo original que tienen número y papá les llamaba “el campo nuevo”; nunca se me ocurrió averiguar por qué.
En Loma Alta el abuelo siempre tenía muchas ovejas, ya que él solía decir que “la plata se hace con las ovejas, se mantiene con las vacas y se pierde con los caballos”, eran de raza Lincoln, oveja grande que cargaba mucha grasa, de lana gruesa que se usaba para alfombras e indumentaria rustica, y que por su rápido crecimiento había que hacerles dos esquilas en el año, primavera y otoño.
Poco antes de fin de siglo, el general Roca que comenzaba a poblar la Estancia “La Larga” (60.000 hectáreas que recibió del gobierno Nacional, como remuneración por la Campaña al Desierto) contrató un húngaro entendido en la materia e hizo un vivero forestal y con su producción se plantó el monte de la estancia y también las primeras plantas de la zona. De los primeros eucaliptos, por supuesto además de los de La Larga, se decía eran 2 de Loma Alta, 3 de Sauce Melú y el del boliche “San Pedro” que luego los vientos se encargaron de voltear, el de San Pedro fue el último que cayó en 1981 y los restos de su tronco todavía están en el lugar donde estaba plantado. También sobre fin de siglo, en 1897, llegó el ferrocarril Sud hasta La Larga, la estación de Daireaux aún no existía, y la situación de la zona cambió radicalmente, ya se podía llegar con los productos a los mercados, ya no era un desierto, se podía producir racionalmente. Además pasan a tener comunicación La Carta, sumada al ferrocarril, se transforma en el vínculo de comunicación casi único de uso masivo durante muchos años.
La producción toma valor y por lo tanto también los campos, y tiempo después el Abuelo compra a un tal Berangé 300 hectáreas a $300 la hectárea., para entonces ya debía pasar el ferrocarril Midland, y si no estaría en construcción.
El Abuelo ganadero de alma continuó mejorando su rodeo Shorthorn y su majada Lincoln que prácticamente hasta 1960 anduvieron por Loma Alta. Hay varios certificados de compra de toros y carneros de pedigree de buenas cabañas para sus planteles.
Entre 1900 y 1920 el abuelo compra 1.200 hectáreas en Enrique Lavalle que denomina “6 de Enero“ hoy de Miguel Peñaranda (nietos de tía Magdalena) y 4.256 hectáreas en Espartillar que denominó “Las Horquetas”, completando así 7.256 hectáreas; un poco mas de 1.000 hectáreas para cada hijo como era su meta.
Ya a principios del siglo y gracias al ferrocarril, en muchos campos de la zona se comenzó a hacer cosecha, sobre todo trigo, pero el abuelo continuó prácticamente con ganadería y lo que sí hacia eran praderas de alfalfa.
Para cosechar el trigo y la avena, cuando estaba maduro, se hacían gavillas con la espigadora , esta maquina tenía una plataforma parecida a la de la hileradora, montada sobre dos ruedas grandes en sus extremos; con un acarreador de lona y varillas de madera de su centro salía hacia atrás un caño de 5 pulgadas que terminaba en una rueda única que hacia las veces de “timón”; la máquina era de “empuje” con cuatro caballos, dos a cada lado del caño, y el manejante iba parado, con el timón entre las piernas y las riendas en la mano, detrás de los caballos y estos detrás de la plataforma de corte. En la punta de la plataforma iba el “atador” que con hilo “sisal” ataba las gavillas antes de caer al suelo; luego estas se juntaban con horquillas sobre rastras y se llevaban hectáreas el lugar del potrero elegido para hacer la parva, en la que quedaba a la espera de la trilladora para hacer el trabajo de trilla y embolse.
La trilladora era accionada por un motor a vapor, que en su formato era parecido a una locomotora y usaba como combustible la paja del trigo, a medida que se desgranaba, se embolsaba en bolsas hechas con yute de la India, que pesaban llenas de trigo alrededor de 60 Kg., luego se acarreaba hasta los galpones de la Estación de ferrocarril, en chatas altas de“cajón”que se tiraban con 8 o 10 caballos según su tamaño.
Todo este proceso demandaba mucha mano de obra y al haber pocas cuadrillas de trilla, la cosecha duraba hasta 3 meses, para hacer este trabajo venía mucha gente de Europa, sobre todo de Portugal, y luego de la cosecha volvían a su País, de ahí el dicho “hacerse la América”. En ese momento “éramos el granero del Mundo” no en balde desde Europa miran con asombro nuestra decadencia actual.
En 1934 con 83 años coincidiendo con sus bodas de oro, les da a sus hijos la posesión total de sus campos y él se retira de la actividad. En 1936 según consta en cartas que el abuelo le escribe a papá desde Bs. As rechaza por razones de salud la designación de “padrino” en la inauguración de la flamante parroquia “San José” de Caseros, a la que para su construcción el abuelo había hecho una importante donación.
Ejemplo de honestidad y tenacidad fue el abuelo que no solamente les dejó a sus descendientes un holgado bienestar económico sino también el ejemplo de una firme cultura del trabajo y el reconocimiento en la zona por su generosidad y corrección. Como no podía ser de otra manera era un hombre de mucho carácter y tuvo la suerte de contar con una compañera buena y tolerante para acompañarlo en semejante empresa.
Pedro Ignacio, mi padre, siempre vivió en Loma Alta, se casó con mamá, María Luisa Uhalde, el 29 de Agosto de1925. Con los abuelos siempre estuvo Celina y también cuidó de ellos mucho y bien Herminia Pasotti, “Pety”, para todos menos para el abuelo que no soportaba los sobrenombres y siempre le llamó Herminia.
Los abuelos estuvieron muy acompañados hasta los últimos días ya que aunque la casa era muy grande y cada familia tenía sus dependencias, siempre comíamos todos juntos y además con relativa frecuencia en “Loma Alta” los domingos se reunía una buena parte de la familia; por eso es que fuimos tan amigos los primos.
El abuelo tenía un stock de chocolatines y cuando tomaba el desayuno y le íbamos a dar el beso de los “buenos días” nos daba uno a cada uno; a medida que se iba agotando el stock nos disminuía la ración a medio chocolatín o hasta una barrita, según la escasez; hasta que llegaba Emilio Vázquez con el camión del almacén de Rodal de La Larga, que traía toda la mercadería, y ahí la cosa se normalizaba. A él le gustaba nombrarnos cuando nos saludaba y a los mellizos Redondo les hacía girar la cara ya que Jorge tenía un lunar, y por eso los diferenciaba. Recuerdo que para desayunar se sentaba en la cabecera de la mesa a tomar su café con leche, y a veces, leía el diario en voz alta y con la entonación de la misa cantada.
El 1 Julio de 1937 falleció la abuelita Graciana de ella realmente no tengo demasiado para contar, ya que era muy buena y dócil y como sufría de alguna afección cardiaca la tenían como excesivamente protegida, con el abuelo pretendían hacer lo mismo, pero rebelde hasta la muerte se les escapaba y se iba a hacer alguna de las suyas. Me parece que lo veo con traje de gabardina negra, cadena de oro en el chaleco, en esa época se usaba “reloj de bolsillo”, y sombrero “Orión” haciendo, con una azada, una zanja contra el cerco de ligustrina que está cerca de la campana, y luego al regarlo mojarse hasta las rodillas, o saliendo a escondidas a caballo a ver ”su plantel” de vacas Shorthon; esto lo hizo hasta los 85 años.
Los dos últimos años los pasó en “6de Enero”con tía Magdalena y en Buenos Aires, ya que Celina se casó en 1939.
El 11 de Junio de 1940 falleció en Buenos Aires a los 89 años. Camilo Charó, Director del diario “La Palabra “de Caseros publicó lo siguiente: Don Pedro Carrique Su fallecimiento: Con el fallecimiento del señor Pedro Carrique, acaecido el 11 del corriente mes en la Capital Federal, donde se encontraba gravemente enfermo desde algún tiempo atrás, desaparece del escenario de Caseros uno de los mas esforzados y eficientes precursores del progreso alcanzado por la zona rural del Partido, una figura que supo rodearse de una aureola de prestigio y de respeto, no solo por el magnífico ejemplo de honradez y laboriosidad que constituyó su larga y fructífera vida toda, sino también por la magnanimidad de su espíritu, comprensivo de todas las necesidades y generoso con las iniciativas vinculadas con la vida ascendente de este pueblo, desde su fundación hasta los días actuales.
Su deceso hondamente lamentado entre nosotros, representa una pérdida sensible que todos reconocemos, ya que hombres como Don Pedro Carrique, tan apegados al medio que le ha sido propicio en el logro de legítimas aspiraciones, no son numerosos, desgraciadamente, y significan, en las manifestaciones de la vida lugareña, una reserva de inestimable valor. La inhumación de sus restos, que fueron trasladados a Caseros, se efectuó el miércoles 12 en el cementerio local, dando margen a una imponente demostración de pesar.
Pedro Ignacio Carrique (padre de Adolfo) nació en Guaminí el 24 Enero de1888, era el tercer hijo del matrimonio de Pedro Carrique Urrutibehety y Graciana Escaray Mendiburu. Tenía dos hermanas mayores: María Benedicta y Lucía María y cuatro hermanos menores, María Magdalena, Julia Graciana, Fernando Mauricio y Marta, que siempre se la llamó Celina.
Llegado el momento de comenzar a recibir educación escolar y a falta de escuelas, junto a otros vecinos, los abuelos contrataron un maestro particular para dar clase en “La Catalina“ campo de propiedad de Juan Avance y hoy de los hijos de Chola Ginestet. Esto sería en1894 más o menos, o sea tres años antes que llegue el ferrocarril a La Larga.
Papá nunca se quejó del trabajo, al contrario, siempre lo hizo a gusto y con frecuencia recordaba anécdotas alegres de esa época que uno la imagina tan dura.
Recordaba por ejemplo cuando iban a caballo a atender el campo “Las Horquetas”, que como estaba a 120 kilómetros, el recorrido lo hacían en tres etapas. La primera hasta lo de Emilio Mantel, que tenía dos hermanas, y estaban avisados para armar algún bailecito, la segunda a Guaminí, al Hotel de Caracotche, donde se reunían con amigos y se pondrían al tanto de las novedades sociales y la tercera etapa, hasta “Las Horquetas, “ya a trabajar (sería 1910/1915) Loma Alta y Las Horquetas a pesar de integrar una administración conjunta se manejaban en forma independiente ya que en esa época era muy dificultoso el intercambio de insumos. Las semillas, por ejemplo, se acarreaban con una chata playa tirada por 5 caballos, para llevar solamente 35 bolsas de 60 kilos. La hacienda había que moverla por arreo, lo que era tan engorroso como el manipuleo de la semilla, además, se exponía al contagio de toda clase de enfermedades, tales como aftosa, carbunclo y sarna, que eran las más frecuentes. Por lo tanto en cada campo se producía la semilla necesaria para los verdeos y en materia de vacunos se criaba y engordaba la propia producción, salvo en circunstancias especiales, en que por falta de campo, por ejemplo, se hiciera necesario un traslado, pero en forma habitual solamente los toros de reposición se llevaban de Loma Alta ya que aquí estaba el plantel. Cuando era necesario hacer un arreo de hacienda que por la distancia llevara varios días, se ocupaba un “capataz de tropa”, persona especializada, que conocía calles pastosas libres de malezas tóxicas y lugares donde dar agua a la hacienda. Los que hacían ese trabajo habitualmente eran “el viejo Méndez” de La Larga y de Daireaux, Pizzano, abuelo de Enrique.
Era habitual en campos de la zona que para la “Yerra” de los terneros se hiciera una especie de fiesta, con participación de los vecinos, con pialada, jugada de taba y ginebra. Ni el abuelo ni papá que no simpatizaron con el lazo, no entraron por ese folclore; para ellos la yerra era una tarea mas y consideraban que el ternero sufría menos este trabajo cuanto mas chico era; así que ni bien comenzaba la parición se iban haciendo los lotes de vacas paridas e inmediatamente de completarlo, se trabajaban los terneros. Para ello se llevaba al potrero lindero al que pastoreaba el rodeo y una vez separados de sus madres, se encerraban los terneros; se volteaban a mano, se maneaban, se castraban, señalaban, vacunaban contra mancha y se descornaban, ya que eran Shorthorn astados. En esa época trabajaban casi exclusivamente con ganadería; agricultura, se hacía algo para proveerse de semilla de avena, centeno y algo de maíz que era lo que sembraban para pastoreo de invierno y verano. La agricultura era dificultosa fundamentalmente por las malezas, ya que no existían los herbicidas, pero además, me parece que todavía había resabios de la época de Rosas y se consideraba a la Provincia de Buenos Aires netamente ganadera. Además la clase social agropecuaria estaba compuesta por “Estancieros” y “Chacareros”.
También es cierto que la ganadería para campos grandes era moneda fuerte y de menor riesgo que la agricultura. Don Guillermo Reynolds, padre de Tom y Ned, por ejemplo, decía: “Hay tres formas de fundirse: con los caballos lerdos, las mujeres ligeras y la agricultura, y de las tres la mas aburrida es la agricultura”.
Un “enemigo” que afectaba la agricultura en mayor medida que a la ganadería eran las sequías a las que se le sumaba la tucura ,que por los escasos recursos que había para combatirla, era devastadora. En 1937 junto a una gran sequía hubo una invasión de tucura “saltona”. Para combatirla hacían barreras con chapas, que ese año facilitó el Ministerio de Agricultura, de 0.50 de alto por un metro de largo que se encadenaban entre si. Una vez armada se arreaba la tucura con bolsas hasta amontonarla contra la barrera y las quemaban con un lanza llamas.
Es evidente que era un ciclo seco en el que la escasez de agua era moneda corriente, con sequías muy intensas cada 10 años más o menos. Por algunas cartas que el abuelo le escribía desde Bs. As.. A papá, en 1929 parece que también hubo una sequía importante. Además de la del 37, en los años 49/50 una invasión de tucura impresionante, acompaño a una sequía muy prolongada que dejó prácticamente despoblado de hacienda a Loma Alta, San Alfredo y Los Álamos.
Durante esa sequía, los campos en nuestra zona, volaban que era una maravilla; en esa época el magro recurso que había para combatir la tucura, que ya no era saltona sino voladora, era distribuir lo que se le llamaba “cebo toxico” (afrecho de trigo humedecido y bien mezclado con Gamexane) con una maquinita de siembra a voleo accionada con un motor colocada sobre un camioncito Ford de 60 HP modelo 37.
En los años1959 -60 y 61, en Los Álamos, la lluvia no pasó los 400 mm en el año. Ya existía el Dieldrin y la fumigación aérea por lo que la tucura estaba controlada. En esa época se hacía maíz como pastoreo de verano y la recomendación del CREA era pastorearlo antes de florecer para aprovecharlo verde antes que se seque.
Para atenuar en parte estas sequías que se esperaban cada 10 años se hacían como reserva, silos subterráneos. En 1938 se ensiló una avena granada en el encargado del trabajo era Don Justo Sosa, abuelo de Rodolfo (Fito) Sosa, la avena se cortaba con guadañadoras de 5.1/2 pies de corte tiradas por dos caballos, luego con el rastrillo tirado por un caballo se amontonaba para luego cargar con horquillas de mano a rastras lisas de madera que con dos caballos se llevaba a un pozo de aproximadamente 5 metros de ancho por 30 de largo, donde se acomodaba y compactaba para luego taparlo. Todo el movimiento de tierra se hacía con varias palas de buey tiradas por 2 caballos. Alrededor de 1961, en Los Álamos hicimos silos subterráneos de 120 hs. de Shugar Drip, un sorgo muy dulce, pero ya con picadora y carro de descarga automática. El contratista fue Cordero, farmacéutico de Casbas y padre del actual intendente de Guaminí.
Pedro Ignacio y Fernando Mauricio continuaron trabajando sus campos en sociedad, con el gusto por el trabajo agropecuario inculcado por el abuelo. Heredaron también su vocación ganadera así que siguieron con sus vacas Shorthon y sus ovejas Lincoln. Papá contaba que su padre decía: “La plata se hace con las ovejas, se mantiene con las vacas y se pierde con los caballos” haciéndole honor al dicho, tanto en Las Horquetas como en Loma Alta había muchas ovejas de raza Lincoln y había que esquilarlas dos veces en el año, otoño y primavera.
Como prácticamente todos los trabajos se hacían en forma manual, había mucho personal estable y se carneaba 4 o 5 lanares por semana. Dos veces por año se vendían la lana y los cueros. Para las ovejas también había un plantel y se compraba un carnero en Palermo, recuerdo compras hechas a las cabañas de Tandil de Indalecio Mendiberri y “El Centinela” de Juan Manuel Elizondo. En la zona había campos grandes que también trabajaban con mucha oveja como la “Estancia La Larga” del Gral. Julio A Roca que eran 60.000 hectáreas y “San Agustín” de su hermano Agustín que junto con “La Benicia” eran 8.000 hectáreas a este en la zona jocosamente, había quien le llamaba “Roca el pobre”. En esas estancias esquilaba una máquina famosa por la cantidad de peines, que se llamaba “La Pampera” de Bolívar, en Loma Alta esquilaba la máquina de Labrousse de Daireaux, abuelo de Roberto.
Volviendo al campo de los Carrique el manejo de los vacunos era el clásico rodeo “cerrado” con inverne de la propia producción, tenían en Loma Alta un plantel para hacer los toros de reposición ,los toros padres estaban de día en potreritos individuales en el casco y a la noche se encerraban en boxes. El plantel se encerraba todos los días y se hacían servir las vacas alzadas, los terneros machos se dejaban enteros y una vez seleccionados los que precisaban reponer el resto se vendía de tal manera que solamente se compraban los toros padres.
Este sistema “cerrado” de explotación era habitual en los campos de la zona, seguramente por cuestiones sanitarias, que a pesar que había vacunas para prevenirlas, no eran del todo eficientes y tampoco usadas por todos; por lo tanto se trataba de mover la hacienda lo menos posible. Todo esto fue así hasta el fin de la guerra del 45 en que hubo un cambio radical con la aparición del camión que modificó totalmente el panorama, tanto en materia de ganadería como de agricultura.
En los campos de Daireaux se sembraba alfalfa pura con protector de centeno, no se le agregaba ninguna gramínea perenne ya que se consideraba que la cebadilla venía natural, cuando se iba degradando se rompía con arado de rejas. Si iba a verdeo de invierno, se sembraba con centeno luego de una buena rastra de dientes y si iba a cultivo de verano, después de la reja y unas pasadas de rastra de dientes se sembraban con una lister de 2 surcos bien profunda, maíz “cuarentin” para pastoreo.
Esta siembra se hacía de Noroeste a Sudeste como protección de los vientos y según se creía como protección de una helada a la salida del sol., cuando la plantita tenía más o menos15 cm. se rastreaba para ir borrando el surco y más adelante se aporcaba con el aporcador de 2 surcos. Se pastoreaba con el choclo lechoso, después de dos o tres años, se volvía de nuevo a alfalfa. Una linda paliza al suelo.
Siempre se trataba de multiplicar la semilla y para eso, al maíz, se reservaba una parte de un potrero sembrado con semilla “nueva”, que una vez seco se juntaba a mano y guardaba en espiga en el galpón en una especie de silo que se hacía con una pared de bolsas llenas. Se destinaba a siembra lo que después se llamó “chato uno”.
El ingreso más importante de la explotación era producido por la ganadería, la venta de los novillos, era lo principal; una vez de “sacar la cola” solían vender todo el lote junto, alrededor de 500. Para ello se ofrecían por carta al Frigorífico “La Blanca“ y estos mandaban por tren a Andant un“revisador” que una vez aceptada la hacienda, pactada la venta y fijado el día de carga regresaba a Bs. As.
La tropa se cargaba por Ferrocarril en Andant, y eso también tenia su programación: el día del embarque a la 1de la madrugada “despacito” salíamos con la tropa hacia la estación, los dejábamos descansar unas horas y luego los cargábamos a razón de 23 novillos por vagón, terminando a las 8 de la mañana, hora que salía el tren directamente al Frigorífico “La Blanca”.
El resto de los animales vacunos, cola de novillos, vacas de rechazo y las vaquillonas que no iban para cría, se engordaban y mandaban al Mercado de Liniers, consignados a Pedro Arancet e Hijos. En Loma Alta hasta 1950 todas las labranzas se hacían con herramientas tiradas por caballos, había un “equipo” de dos arados de “la estancia” (como se decía entonces) que en una época lo manejaba Antonio Sánchez, más conocido por “el Portugués”.
Cuando se retiró Sanchez, fue “puntero” del equipo de caballos de Loma Alta Pedro Gutiérrez, quien luego en 1950, pasa a ser “el primer tractorista”.
Los demás equipos eran de contratistas prácticamente exclusivos, como Leonardo Gómez, Pablo Berón y Justino García, toda esta gente vivía en un barrio de 10 casas ubicado sobre el camino que va hacia “Malda Gain”.
Solía también trabajar con papá José Rodríguez, que araba con sus hijos Lorenzo y Pancho. En el año 1941, cuando papá compró “San Alfredo”, contrató a José Rodríguez como “encargado” y allá fue, con toda su familia, Doña María y José Rodríguez eran españoles y prácticamente no sabían leer ni escribir, pero tenían una formación y una educación admirable que supieron transmitir a sus hijos.
Como “San Alfredo” estaba en una zona apartada, lejana a poblaciones rurales más o menos de alguna importancia, papá gestionó ante el Consejo Escolar de Daireaux la construcción de una escuela, donando el terreno y los materiales para su edificación.
Volviendo al tema de labranzas, en esa época, el drama era siempre el pastoreo que demandaba la caballada, cada arado de dos rejas de 14” era tirado por 8 caballos, 4 tronqueros y 4 cadeneros, y precisaban por lo menos 2 mudas que alternaban cada medio día, mas algunos de relevo, así que había que calcular de 20 a 25 caballos por arado, mas “la familia” de yeguas y potrillos ya que lógicamente tenían que ir reponiendo.
Cuando comenzaban a arar un potrero, armaban el campamento en el lote a trabajar; por lo general trabajaban de a dos arados por potrero y lo que podían arar cada uno era 2 hectáreas por día; así que cuando el lote era grande la cosa era eterna. La limitante para poner mas arados era siempre el mismo, el pasto que había que tener cerca para los caballos.
A partir del año 30 aproximadamente, la cosecha comenzó a hacerse con “corta-trilladora” de arrastre, reemplazando al viejo sistema de la “trilladora fija a pié de parva”, las cortatrillas eran Mc.Cormick 3 y Deering 11 tiradas por 10 caballos y necesitaban comúnmente 2 o 3 personas para atenderlas. Además del “manejante”, en la plataforma iba el “cosedor,”que era la estrella del equipo y cuando este no era tan estrella o el rinde era medianamente importante, un “enganchador ”le ayudaba.
Durante mucho tiempo hizo la cosecha en “Loma Alta” Domingo Montero (tío de Carlos) y como cocinero estuvo en algunas campañas el padre de Enrique Pizzano y el manejante era Pedro Gutiérrez.
Un rinde bueno en esa época era de 20 a 25 bolsas por hectárea y sobresaliente, 40 bolsas siempre hablando de trigo. El cereal se embolsaba en bolsas de yute, que llena pesaba alrededor de 60 kilos; la cosechadora tenia una plataforma inclinada donde cabían de 3 a 5 bolsas, que el cosedor “largaba” cada vuelta, formando hileras para que luego el “juntador” con una rastra lisa tirada por dos caballos las amontonara.
En 1950 se compra el primer tractor en “Loma Alta” era un Jhon Deere modelo D su primer tractorista fue Pedro Gutiérrez. Para nosotros comienza la “era de la mecanización”.
Al ponerle fecha a estas etapas vividas parece imposible el “salto“ en materia de mecanización agrícola, sobre todo entre 1950 y 1965, ya que pasamos de la labranza con caballos a la cosecha a granel, con cosechadora automotriz, en sólo 15 años.
El cambio realmente revolucionario con relación a la producción agropecuaria fue a partir de marzo de 1957 con la fundación del CREA. Tener acceso a intercambio con “maestros” como Don Pablo Hary, Don Guillermo Edwards y Arnaldo Mignaquy, además de contar con un asesor técnico, como Jorge Molina o Gustavo Lundberg, para Eduardo y para mí, que fuimos invitados por Enrique Capelle a integrar el grupo, fue fundamental ya que éramos principiantes en la materia.
El primer tema “tirado” por Don Pablo y recogido por nuestro asesor Ing. Molina fue conservación del suelo, tema siempre vigente durante los 50 años de vida del CREA.
Buscando siempre la manera de agredir lo menos posible al suelo pasamos por los más diversos tipos de labranzas, rotaciones, sistemas de siembra y por último llegamos a esa maravilla que es la siembra directa. La cual se había empezado a probar, con la tecnología disponible en ese momento, en el año1988 luego de una visita a Chile, al campo del Ing. Agr. Carlos Crovetto.
También el mismo año que el CREA se fundó el INTA, estas dos instituciones fueron los pilares para la gran revolución tecnológica del sector agropecuario.
La planta de silos de Los Álamos la hicimos en 1965, en la zona, en general, todavía se cosechaba en bolsa y Michell Hary que tenía bastante experiencia me asesoró para la compra e instalación de la planta.
Volviendo 25 años atrás, en la década del 30, pese a que Andant quedaba bastante mas cerca, papá seguía recibiendo la correspondencia en La Larga, se iba muy poco al pueblo, los caminos eran por supuesto de tierra y muy malos ya que se arreglaban con arado de reja y disco doble tirado con caballos. Se comunicaban por carta hasta con la gente de Daireaux.
Papá y tío Fernando compraron “San Alfredo” en 1941 con el dinero que habían recibido en efectivo del abuelo, mas otro tanto que tuvieron que poner de su peculio. Poco antes habían comprado a su hermana María C. de Rodal las 1.000 hs. que en “Las Horquetas”, había recibido en herencia, por lo que habían quedado completamente “secos”. Papá y mamá después de mucho bregar logran convencer a tío Fernando y toman un crédito en el Banco Provincia de Caseros por $300.000 al 4.5% a 5 años de plazo y compran las 1.000 hectáreas de “La California” a $300 la hectárea.
Era una época distinta, todavía los gerentes de Banco salían al campo a ofrecer créditos con un interés igual o más bajo que el alquiler que se pagaba. La sucursal del Banco Provincia en Casaros se había inaugurado el año anterior y a su primer Gerente Sr. Del Castillo.
En 1929 Adolfo Luro había vendido fraccionado y en remate su estancia “San Jorge” y papá compró 500 Hs. a las que llamó “Los Álamos” por 2 álamos criollos que había en un molino y que eran las únicas plantas del campo. Ese fue el primer campo que compró Papá, y “La California”, le quedaba calle por medio, por eso era el gran interés.
Papá y tío Fernando prácticamente siempre trabajaron en sociedad ya que, cuando fueron mayores de edad, el abuelo los asoció a él formando la sociedad Pedro Carrique e Hijos, que operó como tal hasta 1936, en que el abuelo se retira y le entrega a sus 7 hijos sus campos. Ahí constituyen la sociedad Pedro y Fernando Carrique, y trabajan en total 6301 hectáreas. Luego con el tiempo compran 950 hectáreas de San Alfredo, las 1000 hectáreas de Fitte, las 1000 hectáreas de tía María y las 1000 hectáreas de tía Julia a la que le entregan por parte de pago 500 hectáreas de La California.
Siguiendo la tradición familiar, en el año 1949 papá y tío Fernando nos asocian a Fernando, Guillermo, Eduardo y a mí a la sociedad Pedro y Fernando Carrique, por el año 1953 compramos los cuatro primos 280 hectáreas en la calle angosta que bautizamos “La Corta” y que vendimos el año 1959, Fernando y Guillermo para asociarse con Dativo Diez como cerealistas en Espartillar y Eduardo y yo para comprar las 140 hectáreas de “San Pedro”.
Este campo estaba muy chacreado, 25 años siempre trigo y girasol. Recién se comenzaba a usar 2-4-D y el turco Acin lo fumigó en una de las primeras fumigaciones aéreas en la zona, con un resultado excelente. Después Acin venía en el avión, aterrizaba en la calle, y recorría el cultivo caminando para seguir el proceso del herbicida.
A instancias de los mayores, la sociedad Pedro y Fernando Carrique que la habían constituido en 1936, se disolvió en 1956, ya que comenzaba a agrandarse la familia y consideraron que era el momento oportuno para disolver la sociedad, que por tantos años había funcionado a las mil maravillas y de total acuerdo, y hacer dos sociedades, cada uno con sus hijos.
Papá, admirador de su padre, también tenía como objetivo el dejarnos tierra a nosotros sus hijos. Para que yo le tome cariño a lo que el pensaba sería para mi, me hizo plantar todos los árboles del campo desde que se comenzó a poblar en 1946.
Alrededor de 1954, igual que su padre, nos hizo un adelanto de herencia de la mitad de los campos. La otra mitad debíamos recibirla luego del fallecimiento del último sobreviviente del matrimonio. Haydée se casó con Enrique Capelle en 1947 y fue a vivir a Maracó, luego el 16 de Septiembre de 1955 nos casamos Nelly y yo. Fuimos a vivir a Loma Alta, papá y mamá eran grandes y parecía que necesitaban compañía de una familia y el 23 de Agosto de l956 nació María Claudia para alegría nuestra y para hacerle compañía, como se dice vulgarmente, el 3 de Octubre de 1957 María Isabel y el 7de Marzo de 1959 Marcelo.
En 1958 comenzamos la construcción de la casa de Los Álamos y para que pudiera construir en terreno propio, papá me hizo un adelanto de herencia de las 13 hectáreas del casco. Comenzamos a edificar con los Rachi, que eran de 30 de Agosto, excelente gente, muy buenos albañiles, pero la obra era grande ya que además de la casa se construyó el galpón grande así que terminaron en el año 1963.
En 1961 Monasterio vendió fraccionado “Sauce Quechú”, Haydée compró 110 hectáreas y nosotros 150 hectáreas. Volvimos, ya con los tres hijos, a vivir a Loma Alta para acompañar a mis padres. El domingo 21 de Octubre de 1962 inesperadamente falleció papá.
Tanto papá como mamá llevaron una vida de trabajo económicamente cómoda pero a la vez muy sencilla, austera y generosa .Fueron muy respetados y apreciados por la gente que los trató. Esa fue una gran herencia que nos dejaron y ese antecedente nos facilitó mucho el camino a recorrer.
Con el fallecimiento de papá, varias cosas cambiaron. Mamá consideró que ya no tenía sentido que nosotros viviéramos en “Loma Alta”, teniendo nuestra casa próximo a terminar en “Los Álamos”. Tampoco tenía sentido continuar con la sociedad, ya que era más lógico que Haydée trabaje su campo con Enrique, que tenía el suyo calle por medio.
Como Mamá no tenía interés en continuar como socia, disolvimos la sociedad, y en Junio de 1963 marchamos para “Los Álamos” toda la familia con mamá incluida. Desde ese momento comenzamos a trabajar por nuestra cuenta, además de “Los Álamos”, “Sauce Quechú” y la mitad de “San Pedro” que en total eran 1210 hectáreas propias; continuamos con el alquiler de las 777 hectáreas de Celina, en “Loma Alta”, y las 70 hectáreas de Eduardo en “San Pedro”, totalizando así 2057 hectáreas en explotación.
Adolfo Fernando Carrique